Diplomacia coercitiva: Venezuela ante la amenaza arancelaria de Trump
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Fuente: Tal Cual
«En
política internacional, uno debe elegir no entre lo ideal y lo peor, sino entre
lo preferible y lo detestable»
— Raymond Aron
Uriel J. Herrera | Opinĭo | marzo 2025
La reciente amenaza —que aún estaría por verse— del presidente Donald Trump de imponer aranceles del 25% a cualquier país que continúe comprando petróleo incluyendo gas venezolano no es un simple acto político aislado; es una apuesta agresiva de diplomacia coercitiva que busca poner al régimen de Nicolás Maduro contra la pared. Esta maniobra, aunque polémica por su unilateralidad, podría finalmente obligar al régimen venezolano a una negociación seria o acelerar la fragmentación interna de su estructura de poder. En este contexto, el retiro de la licencia de Chevron luego de que expire la prórroga otorgada por dos meses —que también estaría por verse— vendría a apretar aún más la soga al régimen, orillándolo a enfrentar otro posible levantamiento popular con los venezolanos en las calles exigiendo la salida del dictador.
Políticamente, esta estrategia se presenta como una extensión de la diplomacia coercitiva, concepto que abordé previamente en otro artículo publicado en este blog: “Venezuela en la Encrucijada. Sin embargo, mientras en aquel artículo abogo por una presión internacional coordinada y legítima que induzca cambios democráticos en Venezuela, la táctica del presidente Trump pareciera ser más bien una imposición hegemónica que ignora los consensos multilaterales. En este sentido, al delegar en el secretario de Estado, Marco Rubio, la facultad de determinar qué países serán objeto de estos aranceles, se corre el riesgo de que esta decisión sea percibida como arbitraria, lo que podría afectar negativamente las relaciones diplomáticas, pudiendo llegar a socavar aún más la confianza en la Comunidad Internacional.
Por otro lado, si bien la imposición de aranceles secundarios podría parecer amenazante para el comercio global de petróleo, en realidad podría no necesariamente desencadenar consecuencias negativas significativas a nivel mundial, pues países clave como China, Rusia y España no se verían afectados directamente si optan por no comprar petróleo venezolano si en su lugar buscan fuentes alternativas. De hecho, países productores aliados de EE.UU., como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Canadá y el propio Estados Unidos, podrían rápidamente aumentar su producción para satisfacer esa demanda, por lo que esto evitaría una escalada en los precios del petróleo, estabilizaría los mercados energéticos globales y, lejos de ser perjudicial, podría fortalecer alianzas estratégicas con miras a limitar efectos adversos en terceros países. Sin embargo, es esencial considerar también que, aunque estos otros países tienen el potencial de aumentar su producción, las decisiones al respecto dependen de múltiples factores, incluyendo acuerdos internacionales, políticas internas y condiciones del mercado global
No obstante, es crucial reconocer que, aunque estratégicamente estas medidas coercitivas impulsadas por el presidente Trump puedan ser efectivas, la presión económica podría generar a su vez un impacto devastador inmediato sobre la población venezolana, agravando aún más la crisis humanitaria existente. Ante esta realidad, será tan imprescindible como urgente la apertura simultánea de corredores humanitarios respaldados por organismos internacionales como Naciones Unidas y la Cruz Roja. Esta estrategia permitiría mitigar significativamente el sufrimiento inmediato causado por la crisis económica, facilitando el ingreso seguro y eficaz de alimentos, medicinas y otros recursos esenciales. Asimismo, el establecimiento de estos corredores fortalecería la legitimidad internacional de Estados Unidos y sus aliados al demostrar claramente que el objetivo de la presión no es castigar al pueblo venezolano, sino acelerar la salida del régimen. Finalmente, si Maduro bloquea o limita el acceso humanitario, su régimen quedaría aún más expuesto y aislado frente a la comunidad internacional, debilitándolo aún más políticamente y acelerando su posible colapso.
En el plano geopolítico, estas medidas no solo buscan asfixiar económicamente al régimen de Nicolás Maduro, sino también enviar un mensaje contundente a los aliados de Venezuela, particularmente a China y Rusia. En este sentido, al penalizar a terceros países por sus relaciones comerciales con Venezuela, Estados Unidos corre el riesgo de tensar aún más las ya complejas relaciones internacionales, favoreciendo potencialmente la formación de bloques geopolíticos adversos, lo cual podría contribuir a una mayor fragmentación del orden mundial. Sin embargo, simultáneamente ofrece una oportunidad para que estos países afectados reconsideren sus vínculos económicos con Venezuela, disminuyendo así la influencia estratégica de Maduro y debilitando las alianzas internacionales que aún sostienen su régimen.
En
suma, aunque esta decisión del presidente Trump pueda percibirse como
arriesgada y controvertida, en el contexto actual podría representar la única
estrategia viable para alcanzar un cambio político urgente en Venezuela. Como
he señalado anteriormente, es fundamental que esta presión vaya acompañada de
acciones claras, decididas y multilaterales en el ámbito humanitario, a fin de
mitigar los efectos sobre la población civil para evitar que nuevamente sea
víctima directa de un conflicto político que ya lleva demasiados años. La
comunidad internacional tiene el deber moral de asegurar que esta estrategia
coercitiva no sacrifique a los más vulnerables, poniendo en marcha
simultáneamente mecanismos eficaces que garanticen el bienestar básico del
pueblo venezolano
Como corolario, valga decir una vez más que la dictadura de Maduro, al igual que cualquier otro régimen dictatorial como los imperantes en Nicaragua y Cuba, no tiene más cabida ni puede seguir siendo tolerada por una comunidad internacional que aspira a ser coherente con los principios de libertad, democracia y justicia

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