Globalización: Alea iacta est

Quizá no comprenda la economía, pero tampoco me comprende la economía a mí”

Lin Yutang.

Por Uriel J. Herrera


La globalización económica ha sentado un nuevo paradigma, la cada vez más necesaria eliminación de las barreras al comercio se convierte precisamente en uno de los catalizadores de este proceso.


Los llamados globalofobicos, que dicho sea de paso, tampoco comprenden la economía --seguramente tampoco la economía los comprende a ellos-- cuestionan los actuales procesos de apertura y liberalización comercial dado que desde su muy particular enfoque y concepto del comercio, lo identifican mas bien como una nueva amenaza que atenta contra la “soberanía” y la independencia económica de los países más pobres.


Antes este dantesco escenario que se nos presenta, pareciera ser que lo más lógico sería cerrarnos al comercio, después de todo somos libres y podríamos abstenernos de comprarle sus productos a los países ricos; mas aun cuando la participación de Centroamérica, y no digamos ya de Nicaragua, en el comercio mundial no es relevante. Es posible entonces que podamos asumir tal libertad y con ello de paso evitar la entrada “apocalíptica” de importaciones que inevitablemente, como dicen algunos expertos, nos continuarían provocando mayor atraso económico y por consiguiente, condenándonos irremediablemente a seguir siendo pobres.


Si algo se les olvida a quienes defienden tales “axiomas” y que debería tenerse siempre presente, es que muchas de las causas que han impedido nuestro desarrollo económico y progreso están mas bien ligadas a las debacles que ha provocado de antaño la caudillesca, corrupta y demagógica clase política en nuestros países, así como la falta de institucionalidad de la que hemos venido adoleciendo por décadas.


El déficit comercial en sí mismo no es un elemento nocivo para la economía, significa simplemente que se compra más de lo que se vende vía exportaciones, y esto beneficia a los consumidores dado que al final de cuentas no son los países los que comercian, sino las personas que son las que se benefician del libre comercio. Si lo que se desea es eliminar el “perverso” déficit en la balanza comercial, la mejor manera de hacerlo no es pasándole la factura a los consumidores, sino producir y exportar más.


Lo que sí debemos esperar de los países ricos es que nos permitan entrar a sus mercados a través de una mayor apertura comercial. Precisamente, esta es la oportunidad que se nos presenta hoy en el marco de las ya pasadas y concluidas negociaciones comerciales que Centroamérica sostuvo con los Estados Unidos y que desembocaron en la firma del Cafta, por lo que su pronta ratificación por parte de nuestra Asamblea Nacional, debería ser considerada como prioridad al margen de intereses de cúpulas partidarias y de trillados discursos populistas.

La globalización y su tendencia creciente hacía el libre comercio, no es una opción; está ahí. Como lo dijera un día en la historia el magnánimo y estratega romano Julio César a través de su ya memorable y célebre frase: Alea iacta est -La suerte esta echada-.


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