El círculo vicioso de la crisis política en Honduras: Inestabilidad en la región y las pretensiones de reelección del presidente Daniel Ortega
Por Uriel J. Herrera
Actualmente, la prolongación de la crisis en Honduras afecta asimismo al resto de la región centroamericana en todos los órdenes, no solamente políticamente sino social y económicamente. Las pérdidas sufridas en el comercio o el turismo, entre otros sectores, por mínimas que pudieran ser estas afectan sensiblemente nuestras débiles economías. En este contexto, se corre el riesgo que una eventual agudización y prolongación de la crisis política genere inevitablemente una escalada de la violencia entre la población, llegando esta situación a convertirse en un factor de descalabro económico y social, amenazando peligrosamente así la frágil paz social en la región, condición necesaria para la preservación de la democracia y la estabilidad económica; no podemos obviar que se ha sentado un grave precedente. En este sentido, es preocupante observar que los elementos que originaron la crisis política en Honduras – tentativas de reformas a la Constitución con miras a la reelección presidencial - se encuentran latentes en Nicaragua, como consecuencia directa del proyecto intervensionista en Centroamérica por parte del presidente venezolano, Hugo Chávez. No olvidemos que días después de la expulsión de Zelaya, Micheletti acusa a Chávez, de tener una "clara y definida" participación en los hechos.
No sería de extrañar entonces que una de las directrices de Chávez para con sus socios del ALBA en aras de la construcción de su “socialismo del siglo XXI”, sea instarlos a llevar a cabo reformas a la Constitución política en sus países con miras a mantenerse en el poder, viabilizando así su proyecto político a través del fortalecimiento en el tiempo de sus alianzas políticas. En el año 2008 Ecuador reformó su Constitución, le siguió Bolivia en enero de 2009. Venezuela por su parte aprobó el pasado mes de febrero una enmienda constitucional, allanándole al fin a Chávez el camino para su reelección indefinida con el 54% de los votos, todos sabemos que en el año 2007, Chávez fracasó en su tentativa de reformas por lo que debía “in$istir” (sic) hasta lograrlo.
En medio de la vorágine que actualmente vivimos en Nicaragua como consecuencia de las políticas antidemocráticas del actual gobierno y sin haberse superado aún la crisis política en Honduras, el presidente Daniel Ortega, insiste igualmente en impulsar su reelección presidencial, lo que implicaría reformas a la Constitución y a la Ley Electoral en medio de un clima de alta polarización política como consecuencia en gran parte de la sistemática violación por parte de su gobierno a los derechos mas elementales de los ciudadanos. El gobierno de Ortega pretende limitar, entre otros derechos constitucionales, la libertad de expresión y de manifestarse libremente, imponiéndose ante cualquier expresión cívica de protesta, a través de la intimidación y la fuerza que ejerce movilizando turbas fanatizadas que echando mano de piedras y palos, pretenden acallar el clamor de la mayoría de la población.
Lo más vergonzoso y reprochable alrededor de este escenario de creciente opresión que ejerce el gobierno, es escuchar asimismo en medio de la indignación y frustración en la que vivimos sumidos la mayoría de los nicaragüenses, el descaro del actual Magistrado Presidente del Consejo Supremo Electoral Roberto Rivas, quien se ha pronunciado a favor de las reformas constitucionales o de un referendo revocatorio que le abriría las puertas de la reelección presidencial al presidente Ortega, pretensiones que “oficializó” el mismo Ortega en su perorata del pasado 19 de julio. Luego de avalar las pasadas y fraudulentas elecciones municipales, el magistrado Rivas carece de toda autoridad moral, honor y credibilidad para pronunciarse. Asimismo, cualquier proceso de consulta a la población contemplado en la Constitución, sería altamente cuestionado y generaría el rechazo por parte de la mayoría de los ciudadanos, si dicho proceso es rectorado por las actuales autoridades del CSE que carecen de legitimidad y credibilidad.
Las pretensiones de reelección presidencial en Nicaragua están pasando a convertirse en el talón de Aquiles de nuestra incipiente democracia, en un país que carece de un aceptable marco institucional, sin independencia en los poderes del Estado y falto a su vez de un Estado de derecho que tutele y garantice los derechos de todos los ciudadanos sin distinción, la reelección presidencial vendría a convertirse en el medio para la perpetuación en el poder de un caudillo que pretende continuar gobernando asentado en una minoría y sobre la base de la intimidación y la fuerza en contra de la mayoría de la población, la cual rechaza sus pretensiones de ser reelecto en los comicios del 2011. Casi el 70% de los ciudadanos estamos en contra de la reelección presidencial; precisamente, esos serían los resultados que arrojaría una consulta popular siempre y cuando esta se realizase de manera transparente y sin los mismos vicios que contaminaron las fraudulentas elecciones municipales.
Es inminente que el presidente Ortega echará mano de todo lo que sea necesario para lograr los 56 votos en la Asamblea Nacional y empujar así su proyecto personal de reformas constitucionales, entre los recursos que cuenta figuran precisamente un dócil CSE, diputados corruptos y una violenta base partidaria que no vacilará continuar apaleando en las calles a los ciudadanos que nos hemos venido manifestando en contra del actual gobierno. El oprobioso y cobarde ataque perpetrado en las inmediaciones de la Catedral de Managua, contra miembros de la Coordinadora Civil no debe minimizarse, mas allá de la gravedad de los hechos y de las lesiones que sufrió principalmente el periodista Mario Sánchez, portavoz de la Coordinadora Civil, mas grave aún fue sin embargo el aval del presidente Ortega a estos hechos criminales que atentan contra la libertad y la democracia en Nicaragua, al decir desde su tarima en un acto político en Chontales, que "esta gente (de organismos no gubernamentales) llegó a confrontar y gritar a favor del golpe" de Estado en Honduras. Según el mandatario, los miembros de la Coordinadora Civil llegaron a confrontar a un grupo de “jóvenes” que se encontraban celebrando el “Día Internacional de los Pueblos Indígenas”.
Recientemente, Eduardo Montealegre, anunció que llamará a movilizaciones en las calles, afirmó que no tolerará más de manera pasiva la represión por parte de las fuerzas de choque y simpatizantes del gobierno. La situación es preocupante y sobremanera grave, en la medida en que el gobierno del presidente Ortega continúe en su avance por imponer su reelección presidencial, el cerco sobre la población que se opone a su proyecto reeleccionista se irá cerrando cada vez más. Cada noche en las calles de Managua las fuerzas de choque de Ortega se han venido apostando para “resguardar” las calles, listos y a la espera de la orden para reprimir a través de la fuerza cualquier expresión cívica de protesta. Estas cobardes y represivas acciones no van a amilanar a la mayoría, lo que provocarán los cobardes es generar una mayor escalada de violencia al pretender continuar apaleando y apedreando a la población en las calles, es una situación que tarde o temprano se saldrá de control y las consecuencias podrían llegar a ser trágicamente lamentables aún cuando podría evitarse, por eso las organizaciones de la sociedad civil y de derechos humanos, han instado al gobierno a cesar con sus pretendidos métodos de control y represión social, en clara violación a los derechos humanos.
Al final, no hay nada que la opresión y la fuerza haya logrado sin que tarde o temprano la libertad lo destruya.

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