Venezuela en la Encrucijada

Foto: REUTERS / Leonardo Fernández Viloria


La democracia es una constante construcción, la dictadura es una constante destrucción.
— Rómulo Gallegos


Uriel J. Herrera | Opinĭo | marzo 2025

Venezuela sigue atrapada en una crisis prolongada, marcada por la represión política, así como por la negación al reconocimiento del presidente electo, Edmundo González quien junto a María Corina Machado, lidera una oposición que enfrenta un régimen profundamente atrincherado en el poder. En este sentido, Nicolás Maduro, respaldado por fuerzas internas circunscritas principalmente al poder militar, ha consolidado su control a través de un proceso electoral ilegítimo, ejecutando una represión sistemática que no deja espacio para el disenso. Por otra parte, la comunidad internacional, enfrenta un dilema complejo, dado que las sanciones incluyendo las medidas convencionales no han logrado hasta ahora su cometido, por lo que las soluciones diplomáticas que antes se planteaban como viables parecen haber perdido su capacidad de inducir cambios. Sin embargo, la inacción no es una opción, pues permitir que Maduro se mantenga en el poder impunemente genera un peligroso precedente tanto para la región como ante el mundo, por lo que se hace imperativo replantear las estrategias para generar la presión necesaria que obligue a una transición democrática en Venezuela.

Uno de los enfoques más viables en este escenario es la diplomacia coercitiva, que va mucho más allá de la simple imposición de sanciones, dado que la diplomacia coercitiva implica la creación de un entorno donde las amenazas creíbles de sanciones aún más severas inducen al régimen a reconsiderar su postura. No obstante, para que esta estrategia funcione, es fundamental que las sanciones tanto económicas como financieras no sean medidas dispersas o descoordinadas, sino parte de un esfuerzo concertado que incluya actores clave como la Unión Europea, América Latina y los Estados Unidos. En este contexto, la congelación de activos incluyendo la restricción del acceso a recursos financieros internacionales debe enfocarse tanto en las élites económicas como políticas que sostienen a Maduro en el poder, debilitando así su capacidad para financiar la represión en un intento de fracturar las lealtades que lo sostienen, todo lo cual implica la conformación de un frente internacional unido que actúe de manera coherente, con el potencial de generar la presión interna necesaria para forzar una salida negociada del régimen. Cabe destacar, que la historia de la diplomacia coercitiva nos muestra que la percepción de una amenaza creíble e inminente, cuando es respaldada por una coalición sólida, puede inducir cambios significativos en regímenes que, hasta entonces parecían inamovibles.

En paralelo, es crucial que se acelere el proceso en la Corte Penal Internacional (CPI) contra Nicolás Maduro incluyendo su círculo cercano, pues a pesar de los obstáculos políticos y diplomáticos, como los vetos que podrían interponer actores como Rusia o China en instancias como el Consejo de Seguridad de la ONU al considerar otros posibles mecanismos de presión, la CPI sigue siendo una vía para garantizar que los crímenes de lesa humanidad cometidos en Venezuela no queden impunes. Como sabemos, la CPI ya ha iniciado las investigaciones sobre las atrocidades cometidas por el régimen, incluidas torturas y ejecuciones extrajudiciales, aunque hay que mencionar que el progreso ha sido lento por parte de la Corte. En este sentido, acelerar este proceso es esencial no solo por razones de justicia, sino también como una estrategia para debilitar al régimen desde dentro dado que la posibilidad real de enfrentar cargos por crímenes internacionales, puede también disuadir a muchos de los colaboradores cercanos de Maduro, quienes podrían replantearse su lealtad si sienten que su seguridad personal está en riesgo por lo que la justicia internacional puede por tanto, actuar como una herramienta estratégica, debilitando la estructura de apoyo del régimen al mismo tiempo que garantiza justicia para las víctimas. En este contexto, la movilización de países que apoyan la causa democrática en Venezuela, así como la presentación de pruebas adicionales sin dejar de ejercer la presión diplomática, podría acelerar significativamente este proceso en la CPI.

Por otra parte, el aislamiento diplomático es otra herramienta que debe reforzarse en este momento crítico, pues hasta ahora los esfuerzos por aislar diplomáticamente al régimen de Maduro han sido parciales o en muchos casos, poco efectivos pues lo que se necesita es un aislamiento más coordinado como contundente, como bien podría serlo la retirada sistemática de embajadores incluyendo la suspensión de Venezuela de organizaciones regionales e internacionales, lo cual enviaría un mensaje claro en el sentido de que el régimen de Maduro perdería toda legitimidad en la arena internacional. Cabe destacar que este tipo de aislamiento no solo debilitaría la posición internacional de Maduro, sino que también socavaría su capacidad para mantener alianzas con actores clave que lo han mantenido a flote, siendo fundamental que este aislamiento diplomático esté acompañado de un esfuerzo por cortar el acceso del régimen a los recursos financieros internacionales, dado que Maduro ha dependido de estos recursos para financiar su aparato represivo, por lo que si la comunidad internacional actúa de manera coordinada para bloquear de manera más restrictiva sus finanzas, el régimen comenzaría a perder su capacidad de mantener el control.

Finalmente, y no menos importante, lo es el apoyo a los movimientos de resistencia interna en Venezuela, lo cual a su vez es fundamental para cualquier estrategia que busque una transición pacífica y democrática, pues los movimientos de resistencia no violenta en el país han mostrado una increíble capacidad de resiliencia a pesar de la brutal represión que enfrentan. Sin embargo, estos movimientos no pueden sostenerse por sí solos indefinidamente sin un apoyo externo estructurado. En este sentido, la comunidad internacional debe proporcionar a estos movimientos los recursos que necesitan para organizarse de manera efectiva, lo cual incluye tecnología para la comunicación segura, formación en técnicas de protesta no violenta, así como recursos financieros que permitan la movilización sostenida de la oposición. No olvidemos, que la historia reciente de movimientos de resistencia no violenta en contextos autoritarios, desde Europa del Este hasta la Primavera Árabe, muestra que cuando la población civil tiene los medios para movilizarse, los regímenes autoritarios pueden comenzar a desmoronarse. En el caso de Venezuela, los movimientos de resistencia tienen el potencial de erosionar el control de Maduro, pero para ello necesitan el apoyo necesario.

Hemos de estar conscientes, que el camino hacia una transición democrática en Venezuela no será fácil ni rápida. Sin embargo, el reconocimiento de Edmundo González como presidente electo sin dejar de destacar la presencia de María Corina Machado al frente de la oposición, proporcionan una base sólida para continuar la lucha por la libertad y la democracia en Venezuela. Por consiguiente, la comunidad internacional tiene una oportunidad única para intensificar su apoyo a esta causa, utilizando las herramientas de la diplomacia coercitiva, la presión a través de la CPI, el aislamiento diplomático sin dejar de mencionar el apoyo vital a la resistencia interna. En suma, lo que está en juego no es solo el destino de Venezuela, sino también la credibilidad de la comunidad internacional en su capacidad para defender los principios de la democracia y de los derechos humanos. Para finalizar, no olvidemos que la historia nos juzgará por las acciones que tomemos ahora, por lo que no debemos permitir que la inacción o acciones a medias sea la respuesta.

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