Aranceles: México en el filo de la navaja

        Imagen cortesía de la Secretaría de Economía, Gobierno de México


Los pueblos que no pueden defender sus intereses están destinados a ser juguetes de los poderosos.
— Juan Bosch


Uriel J. Herrera | Opinĭo | marzo 2025

El reciente aplazamiento de los aranceles del 25% a las exportaciones mexicanas, impuesto por Donald Trump que fue negociado temporalmente por Claudia Sheinbaum, no es más que una tregua momentánea en un escenario de presión económica y política que amenaza con dinamitar la ya frágil estabilidad del país. Cabe destacar que la maniobra de la presidenta mexicana, buscando calmar los ánimos mientras explora alternativas comerciales, refleja una postura pragmática en un contexto donde los márgenes de maniobra se reducen a pasos agigantados.

La industria mexicana, especialmente la automotriz, está en la línea de fuego, dado que la interconexión de las cadenas de suministro con Estados Unidos y Canadá no es un simple vínculo comercial, sino el eje de un modelo productivo que depende de la fluidez en la relación trilateral. En este sentido, un arancel de este calibre no solo haría inviables muchas exportaciones, sino que también destruiría empleos en masa, desincentivaría la inversión extranjera lo cual podría desencadenar una recesión que socave los avances de la última década. Por otro lado, el Banco de México ya ha advertido sobre un posible retroceso del PIB superior al 2%, una cifra que en términos reales se traduciría en cierre de fábricas, despidos, así como una fuga de capitales sin precedentes, es decir, un golpe letal a la economía mexicana,

Es evidente que Trump, fiel a su estilo de negociación basado en la presión extrema y del chantaje geopolítico, ha utilizado a México como ficha de cambio en su juego electoral, siendo la amenaza arancelaria parte de una estrategia mayor: reforzar su discurso nacionalista y antiinmigrante de cara a su base electoral, orillando a Sheinbaum a asumir la incómoda posición de ceder temporalmente ante estas amenazas mientras busca fortalecer otras alianzas comerciales, pero la realidad es que México sigue atrapado en la red de dependencia estadounidense. 

Las opciones para México no son muchas y aunque Canadá puede ser un socio confiable, no perdamos de vista que su mercado es limitado en comparación con el estadounidense. En este sentido, expandir relaciones con otras economías emergentes es un camino viable, pero esto no solo requiere tiempo, sino que también de acuerdos comerciales que no pueden firmarse de la noche a la mañana por lo que mientras tanto, la incertidumbre persiste en donde a su vez el tiempo juega en contra del gobierno mexicano.

Es comprensible asimismo Instar a la calma como una estrategia necesaria en un momento de crisis, pero el gobierno de Sheinbaum debe articular una respuesta no solamente más agresiva sino también estructural, pues no se trata solo de evitar una crisis a corto plazo, sino de replantear el modelo económico que ha mantenido a México en una posición de dependencia comercial extrema. Es decir, la diversificación de mercados, el fortalecimiento de la industria nacional, así como la inversión en tecnología e innovación no pueden seguir siendo promesas a largo plazo.

En suma, México está ante una encrucijada histórica y no puede limitarse a una respuesta insuficiente ante un problema estructural. Si el gobierno no toma decisiones firmes con visión de futuro, el país corre el riesgo de quedar atrapado en un ciclo de chantajes tanto como de crisis económicas recurrentes. En definitiva, la pregunta no es si Trump volverá a imponer los aranceles en abril, sino qué hará México para que su futuro económico no dependa del humor de un presidente extranjero.

El tiempo se agota para México, con abril en el horizonte y el riesgo latente de que Trump reactive su ofensiva comercial, México no puede darse el lujo de esperar, lo cual implica que las negociaciones bilaterales deben acelerarse, pero no en un tono de sumisión, sino con una estrategia clara que ponga sobre la mesa los costos que también implicaría para Estados Unidos una ruptura abrupta de la relación comercial. Cabe mencionar en este sentido y como bien se sabe, que la industria estadounidense depende tanto de piezas como de productos ensamblados en México, por lo que este ha de ser un punto de presión que no debe ser ignorado.

Por otro lado, si bien el gobierno de Sheinbaum plantea explorar nuevas alianzas con Canadá, así como con otras economías, este proceso debe pasar de la retórica a la acción con rapidez, dado que la diversificación comercial no puede ser una promesa vacía; pues requiere acuerdos tangibles, incentivos fiscales para la inversión incluyendo un plan industrial que reduzca la vulnerabilidad frente a decisiones unilaterales de la Casa Blanca.

En última instancia, este conflicto no es solo un desafío económico, sino una prueba de liderazgo de Sheinbaum, enfrentando la primera gran crisis de su mandato por lo que su capacidad para responder a ella marcará el rumbo de su administración. Está de más decir, que si no logra salir de la sombra de Washington permitiendo que Trump imponga su voluntad, México no solo sufrirá un golpe financiero tremendo, sino que consolidará una peligrosa dependencia que lo hará aún más vulnerable en el futuro. El tiempo se agota, la historia no espera a los indecisos.

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