Nicaragua: abril no se olvida, la memoria resiste
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Imagen, Fuente: South World. |
Nadie tiene derecho a obedecer.
— Hannah Arendt
Uriel J. Herrera |
Opinĭo | abril 2025
El 14 de abril de 2025, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dio a conocer una declaración oficial en la que reitera, actualiza y condena las graves violaciones de derechos humanos cometidas en Nicaragua. Este pronunciamiento se dio en el marco de la conmemoración del séptimo aniversario del levantamiento cívico de abril de 2018, constituyendo un nuevo esfuerzo por mantener viva la denuncia internacional contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Por otra parte, la declaración denuncia el control arbitrario y represivo sobre la emisión de documentos ciudadanos, tal es el caso de la renovación de cédulas de identidad, la confiscación de pasaportes y la denegación de documentos oficiales; procedimientos que se utilizan como herramientas para castigar a la disidencia, extender el miedo y romper los vínculos legales y sociales de quienes se oponen al régimen.
La CIDH también expresó su preocupación por la reforma constitucional impulsada por el régimen, una suerte de nueva constitución que elimina de facto el Estado de derecho. Es decir, se criminaliza la disidencia al calificar como “traidores a la patria” a los opositores, lo cual acarrea la pérdida de nacionalidad, así como la exclusión permanente del orden institucional.
Por otro lado, cabe mencionar que, aunque Nicaragua se retiró de la Organización de Estados Americanos (OEA), sigue siendo parte del sistema interamericano de derechos humanos por su adhesión a la Convención Americana sobre Derechos humanos, también referida como el Pacto de San José. Por lo tanto, la CIDH continúa ejerciendo su mandato sobre el país, y su voz sigue teniendo tanto peso legal como moral ante la comunidad internacional.
En este contexto, si bien el pronunciamiento de la CIDH no cambia de inmediato la situación interna de Nicaragua, representa un acto de memoria y reafirmación que fortalece la esperanza de las víctimas, pues es una señal de que, tarde o temprano, los crímenes no quedarán impunes, dado que la documentación recogida será útil para el juicio histórico y legal que permitirá llevar a los responsables ante la justicia.
La represión no es solo una política de Estado. En realidad, es el Estado. Donde en ese modelo, no hay lugar para la disidencia, la crítica o el simple ejercicio de los derechos civiles. En este sentido, la desaparición forzada de las libertades no se impone únicamente mediante la violencia, pues también se ejerce mediante decretos, registros, tribunales sumisos y un aparato represivo que convierte al opositor en enemigo.
Este nuevo pronunciamiento de la CIDH no debe verse como un gesto ceremonial; más bien, debe entenderse como un acto de resistencia simbólica, jurídica y ética. Nicaragua vive bajo un régimen que niega la condición humana de sus ciudadanos mediante una política de exclusión, miedo y exilio. Por lo tanto, el silencio de los organismos internacionales sería una forma de complicidad.
Cuando un gobierno intenta borrar mediante artificios legales a su población, estamos ante una tragedia que rebasa las fronteras de Nicaragua y compromete, sin exagerar, la democracia y el futuro del hemisferio.


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